Al llegar a la propiedad de Alessandro, Leonardo bajó del auto, acomodó su traje, hinchó sus pulmones de oxígeno tratando de buscar paciencia para soportar a su padre, su hermano y por supuesto sus comentarios.
Elena descendió del auto, se sentía de la manera más incómoda posible, definitivamente nunca se podría acostumbrar a llevar aquella clase de vida, aquella donde siempre era inducida a hacer lo que otros deseaban.
—Tómate de mi brazo y recuerda mostrar lo feliz que eres a mi lado —Elena