Sophie se quedó allí, a tan solo unos pasos de Juliana, la tensión electrificando el aire entre ellas. Los ojos de Sophie se mantenían firmes, pero sus manos temblaban ligeramente, como si no pudiera soportar el peso de la decisión que acababa de tomar. Las palabras de Juliana retumbaban en su cabeza: “Si vienes conmigo… ellos se van.”
Cada respiración era un recordatorio de lo que estaba en juego. Sus hijos. Su vida. El amor que había sido tan inocente, tan puro, y que ahora se desvanecía lenta