La luz rojiza del atardecer caía sobre los ventanales del penthouse del Upper West Side, proyectando sombras largas sobre los pisos pulidos. Sophie se había instalado en el salón, frente a su laptop, coordinando por videollamada con Dalia Moore una revisión urgente del sistema de seguridad de la Fundación Renacer. La tensión en su rostro hablaba más que sus palabras: ojeras marcadas, ceño fruncido, la mandíbula tensa.
Logan, desde el comedor, hojeaba contratos con una concentración forzada. Cad