Mientras tanto, en un oscuro y apartado rincón de la ciudad, Juliana trazaba su jugada más audaz. Su apartamento, pequeño y sombrío, se encontraba en las afueras de la ciudad, un refugio aislado que se había ganado gracias a los recursos de su padre. De cara al mundo, su existencia era casi invisible, pero dentro de su mente hervía un odio corrosivo que la consumía por completo. Las fotos de ella y Logan, una vez más filtradas a los medios, habían encendido la chispa que mantenía viva su sed de venganza.
La polémica que se pensaba extinguida ahora se avivaba con fuerza, una llama que devoraba su mente noche tras noche. El escarnio público había golpeado a Logan y Sophie con tal brutalidad que sus nombres eran susurros de desprecio por todos los rincones. La fundación que juntos habían levantado, ahora se desmoronaba bajo el peso de sus propios escándalos. Sin embargo, aunque esas humillaciones eran dulces, no eran suficientes para saciar su deseo. Quería algo más, algo que les hiciera