Capítulo diez. El precio de la pasión.
La luz dorada del amanecer se filtraba por las cortinas, tiñendo la habitación de un resplandor cálido. Ariadna abrió los ojos lentamente, y lo primero que vio fue a Andreas dormido junto a ella, con el torso descubierto, respirando profundamente. Parecía menos imponente, menos inaccesible en ese instante. Vulnerable. Humano.
Se quedó observándolo unos segundos, memorizando la línea de su mandíbula, el leve fruncir de sus cejas incluso al dormir, como si n