Capítulo once. Entre el barro del enemigo.
El día avanzó con una tensión insoportable. Ariadna pasó la mañana revisando contratos, tratando de rescatar lo que quedaba del evento, mientras Andreas se sumergía en llamadas con abogados y socios de confianza. La villa en Miconos parecía más una fortaleza que un refugio, con guardias vigilando discretamente los accesos.
A pesar de los esfuerzos, Ariadna sentía el corazón en un puño. La seguridad física no podía protegerla del peso psicológico de sab