Mundo ficciónIniciar sesiónEl ático de Serrano olía igual que la primera vez que Laura había entrado.
A madera y a algo cocinado que ya no estaba en el fuego pero que se había quedado en el aire, ese olor de casa que tienen los pisos donde alguien cocina todos los días y lo hace por costumbre además de por hambre. Las fotos de los niños en cada pared. La luz de la tarde cruzando los ventanales y poniendo cuadrados blancos sobre el parqué.







