La Facultad de Derecho de la Complutense olía a papel viejo y a café malo.
Era un olor denso. Un aroma rancio que se había incrustado en la madera de los pupitres, en las paredes de ladrillo y en los pasillos mal iluminados durante décadas. El café barato de las máquinas expendedoras se mezclaba con el polvo de los códigos civiles desgastados. Blanca Valdés Jones cruzó las puertas de madera maciza en su primer día. Inhaló profundamente. El aire frío de la mañana le llenó los pulmones con esa me