La videollamada entró a las once de la noche, hora de Madrid.
Laura estaba todavía en el despacho, terminando de revisar el informe de la Fundación que Pati le había pasado esa misma tarde, cuando la pantalla del ordenador empezó a sonar con el tono particular que tenía reservado para Blanca.
Contestó.
Blanca apareció con la corbata aflojada, el pelo recogido a medias, el fondo de su despacho en Bruselas iluminado solo por la lámpara del escritorio, lo que significaba que llevaba ahí muchas más