El calor de agosto en Madrid era distinto a cualquier otro calor.
Laura lo sabía desde hacía años, desde mucho antes de volver a la ciudad, pero cada verano se lo recordaba de nuevo: un calor seco, pesado, que se quedaba quieto en el aire del Retiro a media tarde, sin ninguna brisa que lo aliviara.
Llevaba agua, no café.
Se sentó en el banco de siempre, el que daba al lago, el mismo donde había pasado tantas horas durante los primeros años de su regreso, cuando todavía no sabía si lo que estaba