El mapa en la pared de Pati tenía treinta y cinco pines.
Laura lo miró desde la puerta del despacho, sin entrar todavía, contando los puntos de colores que marcaban cada país donde la Fundación tenía presencia activa: rojos para los programas de vivienda, azules para los de educación, verdes para los de salud comunitaria.
Treinta y cinco.
No recordaba el día exacto en que el número había llegado a esa cifra. Lo que recordaba era el primer pin, hace casi quince años, un solo punto rojo marcando