Mundo ficciónIniciar sesiónGarthor
El fuego, el olor a sangre, a humo, a tierra seca y… a muerte no superan la emoción que me recorre por dentro.
Arraso con el enemigo con la misma habilidad de siempre, aunque mi mente está en otro lugar.
Todavía la imagen del bosque oscuro está fresca en mi cabeza: el olor a flores silvestres, los ojos grandes y azules, el cabello dorado, la piel cremosa y esos labios rosados que me ponen la piel de gallina.
—¡Protejan al rey! —grita uno de los gammas inferiores a mí.
El rey…
Ese es un recordatorio que me cae como un balde de agua fría, que intenta apagar el fuego que esa omega hermosa encendió en mí.
Mi mate…
¿Qué diablos haré ahora?
No, esto no puede suceder… no a mí… no con ella…
—¡Ya el rey está seguro! —me avisa uno de los gammas.
Asiento, satisfecho.
—¡Quemen todo el lugar! —ordeno.
Clavo mi espada en algunos enemigos y luego hago señas para la retirada.
El fuego consume todo a mi alrededor y la victoria es proclamada por los guerreros de Kal.
Celebro junto a ellos, aunque la melancolía me ha arropado; mas se me da bien fingir, y eso hago.
Finjo que todo está bien, que no hay un caos en mi mente.
Observo a mis hombres y me siento culpable.
No debo alterar el orden de mi vida, tampoco faltar a mi deber, a mi compromiso. No voy a buscarla; no puedo darme ese lujo…
Ella es prohibida, así que solo quedará como un recuerdo lejano de que tengo una mate a quien nunca podré darle su lugar.
Sin embargo, aunque me obligo a olvidarla, su olor y su mirada no dejan de perseguirme… incluso cuando cierro los ojos.
***
Clara
Esta noche, mientras la luna llena brilla sobre mi cabaña solitaria, vuelvo a soñar con él. Un sueño tan vívido que duele.
Lo veo a lo lejos, con su cachorro en brazos. Su mirada gris contempla al bebé con orgullo y felicidad. A su lado está su hermosa luna, su mate. Ambos celebran lo que yo nunca tendré.
Ella vive mi sueño, mi añoranza, mi ideal.
Los dos, con amor y dicha, anuncian el nacimiento de su primogénito.
Dylan luce tan feliz, tan cómodo, tan realizado… sin mí.
«Él no es nuestro mate, debes superarlo», me anima mi loba, pero estoy demasiado destrozada para escucharla.
Lo observo con la misma admiración de siempre. Él es encantador, destinado al liderazgo, hijo de un alfa, con ese porte que siempre lo distinguió. En su propia manada desempeñará muy bien ese rol.
«Tú serás mi esposa, yo cuidaré de ti y de nuestros cachorros», escucho su voz en mi mente, cuando aún creía que él era mío.
Me sentía dichosa; todas las hembras lo codiciaban.
Dylan es el hombre más atractivo que he conocido. Sus ojos grises son manantiales plateados, fieros y brillantes. Sus labios rosados siempre fueron un manjar suave del que nunca me cansaba.
Y ese cabello sedoso que toqué tantas veces… Me encantaba jugar con esas hebras finas y brillantes.
Él es hermoso en todos los sentidos: un macho codiciado y un genio.
No hay otro como él en todo el territorio licántropo. Nadie hace latir mi corazón como Dylan.
«¿Y si nos ven?», escucho mi voz del pasado, y me transporto a aquel día en que probamos nuestros labios por primera vez.
«No lo harán, solo déjate llevar. Estás muy nerviosa», me dijo, y mi corazón saltó entre miedo y alegría.
«Nunca he besado a nadie», respondí antes de dejarme llevar.
Sus labios fueron más exquisitos de lo que imaginé.
Él fue mi primer beso, mi primer amigo, mi primera ilusión.
Planeamos una vida juntos y crecimos con ese sueño de ser pareja destinada. Me prometió un futuro cálido, empezó a hacer negocios, buscó su propio patrimonio. Quería sostener a nuestra familia.
Él era todo lo que podía desear.
Pero no era mío. Nunca lo fue.
Y lo presentía.
El miedo se aferraba a mi pecho cada vez que ella aparecía, poniendo su mundo de cabeza.
Notaba el brillo de sus ojos cuando la veía, cómo su pecho se erguía instintivamente para impresionarla.
Y yo lo veía todo en silencio, convenciéndome de que exageraba, que era insegura, que imaginaba cosas.
Fui una tonta, un tropiezo en medio de un amor latente que los unía como mates, y yo solo una intrusa.
Me aferré y pagué con lágrimas mi obsesión.
Intenté que me eligiera, perdiendo la dignidad y olvidándome de quién era.
Quizás nunca lo supe, porque me perdí en la sombra de Dylan y de un amor irreal.
Él no me amaba, aunque sus palabras me daban esa esperanza vana de que yo era suya y él, mío.
Lo veo ser feliz y me doy la vuelta para marcharme, pero el punzón en el pecho me detiene.
Un nudo aprieta mi corazón y me ahoga.
Mis manos tiemblan y las lágrimas amenazan con salir.
—Cálmate, no des un espectáculo aquí… —me digo mientras inhalo y exhalo para recuperar la compostura.
Pero duele tanto. Siento que me muero, que todo en mi interior se desgarra y solo quiero liberar mi llanto, mi angustia, mi pérdida.
¿Por qué me tiene que suceder esto?
¿Por qué enamorarme de un macho que pertenece a otra?
¿Por qué ilusionarme?
Me siento tan desdichada.
Camino entre el gentío que celebra al nuevo heredero del alfa, el hijo del hombre que creí que sería el padre de mis cachorros.
Aun así, necesito verlo una vez más desde la distancia, oculta en la oscuridad de mi amor no correspondido. Vine a despedirme, pero soy tan cobarde que no tengo el valor de enfrentarlo.
No.
Debo hacerlo, por lo menos para darle un cierre a esto que me atormenta y honrar una amistad de toda la vida.
Me giro, envalentonada, firme, decidida a decirle adiós de frente.
No avanzo mucho, porque ahí está él, rodeado de su familia. Su luna se lleva al cachorro, dejándolo solo.
Entonces nuestras miradas se cruzan.
Mi corazón lo reconoce, y todas las emociones que siempre despertó en mí regresan, recordándome que no lo he superado.
—Felicidades —le digo con una sonrisa amistosa, aunque por dentro estoy rota.
—Gracias… —responde, incómodo. No sabe qué decir; le resulta extraño verme aquí.
—Vine a despedirme —confieso, acercándome—. Me voy de esta región y empezaré una nueva vida. —Suspiro, resignada.
Dylan abre los ojos, sorprendido, y frunce ligeramente el ceño.
—¿Por qué te vas tan lejos? ¿Qué dicen tus padres? ¿Están de acuerdo? —pregunta rápido, como si temiera ser la causa de mi partida.
—No lo están, pero me apoyan. Necesito alejarme de todo, Dylan. Quiero encontrarme a mí misma porque siento que nunca fui real. Toda mi vida intenté encajar en un ideal, ser la esposa perfecta para mi amigo.
Me duele admitirlo, pero lo hago.
—Mi meta era ser una buena pareja para ti. Todo lo que hacía giraba alrededor de eso. Tú eras mi sueño, mi objetivo. Ahora que tienes una familia con otra mujer, me quedé sin propósito.
Suelto una risita nerviosa y miro al suelo, avergonzada.
—Lo siento… —se disculpa él, apenado y culpable—. Nunca debí darte falsas ilusiones.
Niego de inmediato.
—No es tu culpa. Yo tuve un mal enfoque. Debí tener mis propios intereses y estar preparada. Me aferré a la idea de ser tu esposa y me enamoré de una vida idealizada.
» Ahora necesito saber quién soy sin ti y qué quiero para mi futuro. Espero que seas feliz. Ustedes lo merecen. Perdóname por haber sido tan terca.
—No tengo nada que perdonarte —dice él, al borde de las lágrimas—. Por favor, cuídate. Y si necesitas algo, búscame. Te deseo lo mejor.
Nos abrazamos.
¡Por las fragancias sagradas!
Mi cuerpo reconoce su calor al instante.
Su perfume sigue siendo adictivo, y mi cuerpo aún se estremece al sentirlo.
En un momento como este, me pregunto por qué no pude ser yo su mate…
Despierto exaltada y con sudores fríos en toda la piel.
Me pongo las manos en el pecho para tratar de calmarme y empiezo a llorar, a quejarme.
—Aquel día no solo me despedí de él. —Me limpio las lágrimas y suelto un suspiro—. También de mis padres y hermanos, quienes no estaban de acuerdo con mi tonta decisión, pero me apoyaron.
Y sí, fue cuando viajé a esta región, lo más lejano posible de los rumores y noticias sobre Dylan y su nueva familia, a un lugar remoto y olvidado.
Aquí, mi compañía es la naturaleza y los recuerdos a los que no dejo de aferrarme.
Solo yo y mi loba, viviendo como si no tuviéramos una familia honorable, ni amigos, ni conocidos.
Sin embargo, encontré a mi mate.
El Gamma de gammas, de quien no he vuelto a saber.
Todavía no logro asimilarlo del todo.
He escuchado rumores de que ganó la batalla del norte, que todo fue el resultado de una emboscada al mismo rey Kal.
Él no me ha buscado ni lo hará. Ahora que casi he procesado este asunto, me siento perdida y dolida. También llena de confusión.
No sé si sigo amando a Dylan o si simplemente es frustración porque ahora solo pienso en ese Gamma; él hace que el corazón me lata fuerte.
¿Se podría considerar amor?
¡Qué locura! Solo lo vi una vez… Y dudo mucho que vuelva a hacerlo.
Esta noche no puedo dormir, así que lloro mi desdicha.
Lloro por Dylan y el amor que nunca sintió por mí, pero también por mi verdadero mate y porque estoy atada a un lazo prohibido.
Lloro porque es más que obvio que él no me quiere. Porque yo nunca seré la primera opción, ni de él ni de nadie.







