Mundo ficciónIniciar sesiónClara
Siento que todo a mi alrededor da vueltas; es un vértigo desagradable, acompañado de una extraña emoción que me confunde, pues no sé si es miedo o felicidad.
Una parte de mí —la más salvaje— anhela encararlo y preguntarle si ha sentido nuestro lazo, pero la otra, la que está herida y teme sufrir más, solo quiere escapar.
¿Por qué, de repente, este hombre aparece en todos lados?
«Es el destino», contesta mi loba. «Nuestras esencias se buscan», añade.
Esto es una pesadilla. ¿Qué haré ahora?
Suelto un largo suspiro y me mantengo oculta unos segundos más, con la esperanza de que él desista y se vaya; sin embargo, la voz del perfumero molesto quiebra esa esperanza.
—Lobita, ¿no atenderás a tu cliente…? —pregunta, pero hace una pausa, como si hubiera visto un fantasma, y empieza a tartamudear incoherencias—. S-señor… —logra decir—. Gamma Garthor… ¡Venga a mi puesto, yo le puedo ofrecer perfumes mucho más elegantes y de mejor calidad! Esta novata ni siquiera sabe atender a los clientes.
Estúpido.
Por lo menos sirve para entretener al gamma.
Hay un momento de silencio hasta que el perfumero insiste para llevarse al cliente a su tenderete, usando palabras de adulación y degradando mi trabajo.
Percibo los pasos y noto que el gamma se aleja de mi puesto. Entonces suspiro aliviada, aunque no es suficiente para salir. Él todavía podría verme.
Me levanto con cuidado de no ser vista y noto que el perfumero le muestra sus mejores productos; puedo ver en la cara del pobre hombre que solo quiere irse. Y lo entiendo, ese señor es insoportable.
Debo aprovechar la intervención para esconderme.
Me escabullo por la parte de atrás y me escondo en medio de un grupo de personas; luego corro lejos del tenderete como si mi vida dependiera de ello.
Con la respiración acelerada y el cuerpo tembloroso, me detengo a una distancia prudente y me oculto detrás de un quiosco. Inhalo y exhalo para recuperar la compostura, y me tardo unos minutos con la mano en el pecho, temblorosa y con la adrenalina a tope.
Cuando me calmo un poco, tengo la tentación de ver si el gamma sigue allí o ya se ha ido, de contemplarlo a la distancia y ver sus gustos con los perfumes.
Mi objetivo debería ser cerciorarme de que ya se fue y puedo regresar a mi puesto, pero la verdad es que ese hombre me causa mucha curiosidad.
Necesito verlo, aunque sea a la distancia, escondida como la cobarde que soy. Saco la cabeza para observar desde aquí y el corazón me salta agitado cuando el gamma hace una negación con la cabeza y regresa a mi tenderete.
Ay, de verdad mis productos le llamaron la atención.
—Perderé ese dinero por ser su mate… —susurro, frustrada, y me muerdo el labio inferior—. Ese hombre se ve que es adinerado, por lo que me esperaba una buena venta. ¡Lástima! De todas formas, ¿me compraría si me ve? De seguro no. Quizás aprovecharía para rechazarme.
Me pongo la mano en el pecho por instinto. Le temo mucho al dolor del rechazo, al vacío que le sigue y a las secuelas de haber sido repudiada por quien debería amarme y protegerme.
—Ya deja de lamentarte, no puedes llorar aquí —me increpo a mí misma mientras lucho contra las ganas de derramar las lágrimas que me arden en los ojos.
Noto que el gamma busca con la mirada alrededor del puesto; también olfatea, como si reconociera algún olor.
Esa acción me altera y hace que mi loba pida el control para ir a buscarlo, pero la detengo.
Quizás solo quiere comprar y busca al vendedor. No mi olor. Quizás ni siquiera sabe que somos mate…
¿Y si lo imaginé?
Me relamo los labios, nerviosa, y continúo contemplando a ese hombre tan apuesto.
¿Me merezco yo un compañero como él? Es muy atractivo y fuerte, con ese aire intimidante que demuestra lo poderoso que es.
Ay…
De verdad hubiese sido afortunada si él aceptara nuestro vínculo. Lástima que no sea así.
De repente, una mujer muy parecida a él se le acerca y ambos entablan una conversación. Entrecierro los ojos al ver su complicidad y la manera en la que él ríe de lo que sea que ella le ha dicho.
La detallo, en busca de alguna imperfección que me haga sentir menos incómoda, pero sus rasgos son refinados y su vestimenta elegante. Ella es hermosa y denota clase y dinero.
¿Quién es ella? Son tan parecidos que me atrevería a decir que son hermanos… o quizás ella es su madre, pues sus rasgos son de autoridad.
A diferencia de los humanos, nosotros no envejecemos, pero a medida que pasan las décadas, nuestros rasgos toman una madurez encantadora que denota superioridad y autoridad sobre los más jóvenes, pese a que nuestro físico conserva la frescura y la piel tersa.
En realidad, no sé cómo se ve una persona envejecida, pues en la escuela nos enseñan que los humanos lo hacen, pero no nos dan muchos detalles ni nos muestran imágenes.
Sería interesante verlo.
Suelto un suspiro largo. Me pregunto qué busca la nobleza en este mercado; eso es muy raro.
El gamma le da una última mirada al puesto, luego se marcha junto a la mujer, seguido por un grupo de guerreros.
Mientras él se aleja, mi pecho es embargado por un vacío doloroso y mi loba se lamenta en mi interior.
El amargor de la frustración me llena el paladar y dentro de mí surge una añoranza primitiva que me incita a llamarlo, pero lo reprimo.
No puedo exponerme de esa manera.
Debería estar aliviada de que ya se marchó; no obstante, solo me siento muy triste e impotente.
En mi interior está esa lucha dolorosa de si debo correr hacia él o simplemente observarlo marcharse sin hacer nada, entendiendo que esta podría ser la última vez que lo vea.
Y mi decisión final me desgarra el corazón.
Duele mucho, pero es lo mejor. Ese hombre es inalcanzable y me ha demostrado que no se uniría a mí. Una persona como él es prohibida para alguien tan insignificante como yo.
Las lágrimas empiezan a mojarme las mejillas mientras observo cómo él desaparece de mi campo de visión, quizás para siempre.







