Lisa
No tenía ganas de ir a la universidad. Ni de ver a nadie, ni de escuchar las mismas preguntas, ni de fingir que todo estaba bien. Así que me escapé. Caminé sin rumbo hasta que mis pasos me llevaron, casi sin pensarlo, a la vieja casa abandonada.
Era el único lugar donde podía respirar sin sentirme observada. Donde no existían mis padres, ni las reglas, ni el peso de las miradas ajenas. Solo yo, el silencio y el polvo flotando entre los rayos de luz que se filtraban por las ventanas rotas.