Lisa
Cuando se separó, mi cabeza no dejó de dar vueltas. El beso todavía ardía en la piel de mis labios como si hubiera dejado una marca. Lo vi quedarse quieto, mirándome con una mezcla de alguna cosa que no supe nombrar —cuidado, quizás— y durante un segundo pensé que todo iba a volverse más claro. Pero mi razón no pudo alcanzarlo: eran demasiadas reglas confusas, demasiadas cosas que no quería admitir.
No supe cómo reaccionar. Sentí el impulso de quedarme, de hablar, de preguntar cómo había p