Lisa.
El colchón cruje bajo mi peso cuando caigo, no por la suavidad sino por la violencia con la que soy lanzada. La habitación huele a él: madera oscura, cuero, algo metálico que siempre me recordó al peligro. Las cortinas están corridas y la luz entra apenas, filtrada, como si incluso el día se negara a presenciar lo que ocurre aquí dentro.
Mi respiración sale desordenada, entrecortada, mientras mis dedos se clavan en las sábanas que no reconozco como mías. Todo en este cuarto es ajeno, inv