Desde aquel día en la cancha, cuando Lautaro controló el balón como un profesional frente a todos, algo se había movido en los pasillos de la escuela. Se hablaba de él en voz baja, como si fuera un secreto que recién ahora salía a la luz. Pero para Lautaro, todo seguía igual. O al menos eso intentaba hacer creer.
Pasaron solo dos días antes de que el entrenador Sergio lo interceptara.
—Lautaro —dijo con voz firme, cuando lo encontró saliendo del aula—. ¿Podemos hablar un minuto?
Lautaro lo miró