La mañana amaneció con un sol tibio, de esos que acarician los techos de la ciudad como si nada hubiese pasado. Pero para Lautaro, cada rayo de luz seguía cargado de tensión. Agustina continuaba internada, estable pero débil. Los médicos habían dicho que su sistema respiratorio estaba comprometido y que tendrían que mantenerla en observación por al menos una semana. Lo más probable era que todo hubiese sido provocado por una combinación de estrés, encierro y un virus respiratorio no tratado a t