El sol brillaba sobre las canchas de la escuela San Martín mientras Lautaro corría en soledad, con los auriculares puestos y la mente completamente enfocada. Cada zancada era un paso más hacia su destino, hacia ese sueño que durante años había parecido tan lejano: representar a su país en el torneo internacional de colegios. Pero lo que nadie sabía era que en su interior, el ruido era ensordecedor.
Desde el atentado contra Agustina, las amenazas de la Rusa se habían intensificado. Papeles desli