El hospital tenía ese aroma extraño entre desinfectante y soledad. Jenifer salía por la puerta principal vestida con ropa cómoda, su mochila colgada al hombro, mientras sostenía con la otra mano el alta médica. Caminaba despacio, recuperándose, pero firme.
Afuera la esperaba Lautaro, apoyado contra el auto de Gabriela. Cuando la vio, se incorporó con una sonrisa que no alcanzaba a tapar la tensión en su rostro.
—¿Lista para volver? —preguntó, abriendo la puerta del acompañante.
—Lista —respondi