Lautaro terminaba de hablar con Sergio cuando, al girar para volver con sus compañeros, vio a Tiago sentado solo en el borde del banco, con la mirada perdida. No aplaudió con el resto, no dijo una sola palabra desde que el entrenamiento terminó. Lautaro lo conocía. Sabía leerle la tristeza. Y en ese momento, esa tristeza tenía un tono distinto.
Se acercó despacio, sin decir nada. Tiago no lo miró.
—¿Estás bien? —preguntó Lautaro, sentándose a su lado.
Tiago tardó unos segundos en responder, lue