capitulo 48

La luz tenue de la mañana entraba por la ventana del comedor. El reloj marcaba las 7:40 y la casa todavía estaba en silencio, salvo por el suave tintinear de las tazas y platos. Gabriela revolvía el café mientras Lautaro se servía pan con mermelada.

—¿Dormiste bien? —preguntó ella, dándole un sorbo a su taza.

—Como una piedra —respondió él—. Reventado, pero feliz.

Se hizo un breve silencio. A través de la ventana, los primeros rayos del sol iluminaban el jardín. Era uno de esos momentos tranqui
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