capitulo 30

Lunes por la mañana. El gimnasio de la escuela retumbaba con un silencio incómodo. Todos los jugadores estaban sentados sobre los bancos de madera, alineados frente a la tarima donde se encontraba Sergio, el entrenador. No había pelota, ni risas, ni botellas de agua tiradas por el piso. Solo el eco de las pisadas sobre el parquet.

Sergio estaba de pie, con los brazos cruzados y una carpeta azul en la mano. Su rostro era serio, la mandíbula apretada. No saludó, no hizo introducciones. Solo dejó
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