Lautaro se acomodó en el sillón con una almohada bajo el pie vendado. Tenía la pierna en alto, según las recomendaciones del médico. Jenifer se sentó a su lado, llevándose una frazada liviana y un bowl de pochoclos que Gabriela les había preparado. Era sábado, pero no parecía una tarde cualquiera. En la pantalla del televisor, la transmisión en vivo desde el estadio mostraba un cielo gris, nublado, y tribunas colmadas.
—¿Estás nervioso? —preguntó Jenifer, apoyando su cabeza en su hombro.
—Mucho