Lautaro no se había movido del hospital en toda la mañana. Gabriela le había traído un café que él apenas tocó, y había pasado horas caminando de un lado a otro del pasillo, mirando el reloj, esperando alguna novedad. No había dormido, no había comido. Solo esperaba.
Finalmente, una enfermera se le acercó. Lo miró con una sonrisa cálida.
—Lautaro, ¿no?
Él asintió de inmediato, con los ojos cansados y rojos.
—Los padres de Jenifer hablaron con el médico… y autorizaron que la visites. Pero solo u