El cielo estaba cubierto de estrellas cuando Jenifer salió del predio de la escuela. La gente aún festejaba en los alrededores. Gritos, abrazos, sonrisas y cantos se fundían en el aire como ecos de un momento inolvidable. Ella caminaba ligera, con el corazón inflado de emoción. Aún sentía en la piel el abrazo de Lautaro, el calor de su cuerpo al celebrar juntos el gol. Era un recuerdo que guardaría para siempre.
Pero mientras se alejaba, algo en su pecho comenzaba a pesar. Un nudo. La realidad.