Punto de vista de Mariana
Llevaba dos días sin dormir.
Ya ni siquiera me sentía cansada. Mi cuerpo había superado el agotamiento y se había transformado en algo más, algo hueco y mecánico. Me ardían los ojos constantemente, un dolor seco que nunca desaparecía. Me palpitaba la cabeza con un dolor sordo y persistente. Sentía las extremidades débiles, como si estuvieran unidas a mi cuerpo por hilos en lugar de músculos y huesos. Pero mi mente se negaba a detenerse. Seguía moviéndose, rápida y agud