Punto de vista de Mariana
Habían pasado tres días desde que se llevaron a Yelena.
Dos días desde que salí de casa.
No recordaba la última vez que dormí bien. Mi cuerpo había dejado de enviar señales coherentes. El hambre venía y venía en oleadas que ignoraba. La sed era un dolor seco en la garganta que acallaba con más café. El mundo fuera de las ventanas de la furgoneta se movía a ritmos que ya no percibía.
La furgoneta olía a aire viciado y agotamiento. Tres tazas de café vacías yacían en el