Punto de vista de Mariana
Su expresión no cambió.
—Eres frío —añadí—. No te importa nadie a menos que te sea útil. Michael es útil. Las chicas eran útiles. Yo era útil.
—Eso no es cierto.
—Sí lo es —dije—. Lo demostraste. Cuando importaba, cuando una niña necesitaba que la defendieras, no hiciste nada. Porque dejó de serte útil.
Dio un paso más cerca. La distancia entre nosotros se redujo.
—Cuida tus palabras.
—¿O qué? —pregunté, con voz firme a pesar del temblor en mis manos—. ¿O me volverás a