Punto de vista de MarianaEra un salón amplio y abierto con ventanales que ofrecían una vista vertiginosa de la ciudad. La sala estaba llena de gente, quizás unas treinta. Pero no se oía el bullicio de las conversaciones. El aire era quieto y fresco. La gente permanecía en grupos silenciosos o sentada sola. Eran de distintas edades, algunos con elegantes atuendos de negocios, otros con ropa informal elegante. Pero todos compartían algo: una tez pálida, casi exangüe, y una postura tan rígida que parecía dolorosa. Sus expresiones eran vacías, sus ojos se movían lentamente, observando sin calidez.Mesas ordenadas se alineaban en una pared, con agua embotellada, dispensadores de café y pequeños platos idénticos de fruta cortada y pasteles. Todo era simétrico, intacto.Sentí cien ojos dirigiéndose hacia mí al entrar. Mi vestido barato bien podría haber sido de neón. Encontré una silla vacía junto a la pared, lejos de la comida, y me senté. Mantuve mi mochila en mi regazo.Escuché. Las poca
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