El aire se volvió más denso al adentrarse en la región umbral. Nada crecía allí. Ni árboles, ni vida. El viento aullaba como si recordara a los muertos, y la tierra se agrietaba como una piel reseca. El sol apenas atravesaba las nubes perpetuas, y la luna, cuando salía, era roja como la sangre.
—Hemos cruzado el límite —dijo Verna, deteniéndose—. De aquí en adelante, la magia se comporta de forma diferente. Reacciona al miedo, al odio, a los recuerdos.
Serena sostuvo el amuleto que perteneció a