El eco del crujido bajo sus botas fue lo único que rompió el silencio. La atmósfera era densa, cargada de un calor invisible que no provenía del aire, sino del mismo tejido de la realidad. Sariah avanzó por el sendero quebrado de obsidiana, guiada por la energía latente de la Fractura Espiritual, que se expandía como una red invisible sobre las tierras agonizantes del mundo.
Detrás de ella, caminaban dos figuras. Una era Lioren, el sabio de los Pétalos Eternos, quien había sobrevivido a la diso