La noche era espesa, pesada, cargada de presagios. La luna estaba velada por nubes oscuras, y el viento traía consigo un murmullo antiguo, como si la misma tierra recordara algo que había querido olvidar.
Serena no podía dormir.
Desde el juicio, una inquietud distinta la rondaba. Ya no era solo el poder que la desbordaba, ni las amenazas políticas o los enemigos ocultos. Era una sensación más visceral: la sensación de que una parte de ella seguía velada, como si una capa entera de su historia h