El regreso a Liria no fue celebrado.
No hubo coros ni estandartes ondeando en lo alto de las torres. Ni siquiera los lobos del bosque salieron a recibirlos. El aire que rodeaba la fortaleza era espeso y enrarecido, y los soldados en las murallas no ocultaban sus miradas nerviosas.
Desde el Monte de las Voces, algo había cambiado.
Serena lo sintió en cuanto cruzaron las puertas del castillo: los susurros se apagaban cuando ella entraba, los ojos se deslizaban rápido hacia el suelo, y entre los n