El aire seguía cargado con el olor amargo de la ceniza de Derek. Cada vez que respiraba, sentía que sus restos se colaban en mis pulmones, dándome una fuerza que no pedí y una rabia que no sabía cómo contener. Pero frente a nosotros, la realidad se había vuelto una broma pesada del destino.
La mujer que salió de la cápsula no era solo parecida a Natalia. Era ella. Era el reflejo exacto de la mujer que amaba, pero destilada en un frasco de odio puro. Su cabello blanco brillaba bajo la luz de la f