El bosque de Eldoria tiene memoria. Las raíces de los árboles se retuercen sobre secretos que la humanidad ha olvidado, y esa noche, el aire transportaba un rastro que no pertenecía ni al lobo ni al hombre. Era un olor a ozono limpio, a nieve química y a una soledad tan profunda que hacía que mi propio núcleo vibrara con una frecuencia de lamento.
—Está cerca —susurró Natalia, ajustando la cuerda de su arco mientras avanzábamos por la maleza espesa, lejos del campamento de la manada—. Siento su