El campamento no era más que un cementerio de recuerdos pisoteados en el barro. La lluvia había cesado, dejando a su paso una neblina espesa que se arrastraba por el suelo de Eldoria como un fantasma pidiendo clemencia. El olor a pino mojado y tierra removida se mezclaba con el hedor a ozono que mi propio cuerpo emanaba cada vez que mi núcleo híbrido intentaba procesar la traición de mi madre.
Sarah estaba de pie junto a las cenizas frías de la fogata. Ya no era la matriarca intocable; era una