El amanecer llegó teñido de rojo, como si el bosque mismo supiera que la sangre estaba a punto de correr. Bryan se despertó con el cuerpo rígido y el alma pesada. Eldrin dormía plácidamente contra el pecho de Natalia, pero su pequeño cuerpo ya mostraba cambios: la piel tenía un leve brillo plateado y sus orejas comenzaban a apuntar ligeramente, señal de que la sangre antigua aceleraba su crecimiento.
Sarah se acercó con el rostro marcado por el cansancio de la noche en vela.
—Tenemos que moverno