Diez segundos.Ese era el tiempo que Bryan tenía para escribir su destino. En cuanto la luz del collar se pasó a verde, el mundo dejó de moverse a velocidad normal. Para Bryan, el coronel Vance se movía en cámara lenta, su mano aún a medio camino de la jeringa.El lobo, liberado de su jaula eléctrica, no rugió. Atacó.Bryan se movió muy rápido. En un segundo, estaba de pie. En dos, había cruzado la celda. En tres, su puño impactó contra la cara de Vance con el sonido de huesos rompiéndose. El coronel voló hacia atrás, estrellándose contra la pared opuesta y cayendo inconsciente como un muñeco roto.Los guardias intentaron levantar sus armas, pero eran demasiado lentos. Bryan, guiado por una furia fría y calculadora, los desarmó con dos movimientos precisos, golpeando sus cascos contra el hormigón.Siete segundos.Solo quedaba ella. Natalia.Bryan cayó de rodillas frente a ella, rompiendo las cadenas oxidadas con sus manos desnudas como si fueran de papel. Ella lo miró, sus ojos oscuro
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