※DE VUELTA A LA CIUDAD※ 

Olivia no quería que nadie se enterara de que había regresado, por esa razón no llegó a la casa de su padre, sino que se alojó en un hotel. Era exitosa, tenía un buen trabajo y había usado sabiamente el dinero del fideicomiso que le había dejado su abuelo materno. Quien nunca estuvo de acuerdo en que su madre la abandonara de aquella forma y por eso toda su fortuna se la dejó a ella. 

Acostada en la cama, miró hacia el techo. Lo mismo que había hecho hacía dos años, incluso pidió la misma habitación. Dio un largo suspiro y chasqueó los dientes con fastidio. 

—No quería volver aquí —dijo en voz alta y luego cerró los ojos, imágenes de un bochornoso pasado llegaron de golpe a su mente. 

El jardín de su casa estaba convertido en el escenario para la gran celebración, su hermanastro Killian quienes se había convertido en el hijo pródigo, estaba de cumpleaños, además de haber cerrado una negociación de más de treinta mil millones de dólares con una empresa europea. 

Olivia también pudo haberlo conseguido, pero lo que no sabía era que su querido hermano había utilizado unas tácticas poco convencionales para lograr su objetivo. En ese momento observaba a todos desde la distancia, no quería que todos fueran testigos de su frustración. Dio un sorbo de champagne y se dirigió a su habitación. Debió hacerlo inmediatamente, pero cuando comenzó a caminar, escuchó unos jadeos y gruñidos no muy lejos de ella. 

Entre uno de los arbustos, razón tenía el refrán: la curiosidad mató al gato. No pudo evitar saber de quién se trataba. 

—¡Oh, sí! —escuchó una voz chillona familiar. 

—¿Te gusta de esta forma? —gruñó el hombre. 

—¡Por supuesto! ¡No pares!

Olivia dio un paso más, y tuvo que ponerse la mano en la boca para que no se le escapara un jadeo por la impresión. 

—Claro que no lo haré…

—Oh, Robert… esto es tan bueno…

Se escuchó un gruñido.

—Lo sé, él no lo hace como yo…  

De manera inmediata, Olivia sacó de su pequeño bolso el teléfono celular y comenzó a grabar el encuentro entre la novia de su hermanastro y su mejor amigo. 

—¡Tú no tienes comparación! —jadeó ella. 

—¿Entonces por qué no lo dejas? —cuestionó Robert con voz entrecortada. 

—¡Vamos, Robert! —exclamó y luego se le escapó un grito de satisfacción—. No tienes en tu banco los mismos ceros que él. 

Ella no lo podía creer, la pegajosa y melosa novia de Killian estaba con él solo por su dinero. De la impresión dio un paso hacia atrás, y con la mala suerte que pisó una ramita y se escuchó e hizo eco en el lugar alertando a los amantes.

—Oh, alguien está por ahí —escuchó que dijo Robert. 

—Te dije que esto era peligroso —Cassie replicó con rabia—, es mejor que salgamos de aquí ahora mismo. 

—Me estoy cansando de esto, Cass. 

—Cuando puedas darme todo lo que me da Killian, entonces tendrás derecho a reclamarme. 

Hasta ahí grabó Olivia, y se fue prácticamente corriendo antes de ser descubierta. Aquella situación era muy delicada, dio una sonrisa ladeada. Porque tenía en sus manos una bomba de tiempo que detonaría en el momento indicado.  

Aceleró el paso, por el hecho de que también se sentía un poco mareada, su corazón latía a mil por hora, y sus emociones estaban a flor de piel. Pensaba guardar el secreto, ya que detestaría hacer el ridículo en frente de todos, y continuar dándole la razón a su padre. Abrió la puerta y la cerró apoyándose en ella con un suspiro. Frunció el ceño, el olor a un perfume masculino, obviamente caro, inundó sus fosas nasales.

Enseguida movió la cabeza para buscar la fuente, y con el reflejo de las luces de afuera pudo vislumbrar a una figura de espaldas mirando por la ventana. Su respiración quedó atorada en sus pulmones, lo último que esperaba era aquella visita a oscuras en su habitación. No se atrevía a encender la luz, porque si lo hacía quedaría completamente vulnerable ante él, como siempre le ocurría, y todavía no podía decirle lo que vio en el jardín. 

—¿Qué haces aquí, Killian? —preguntó cuadrando los hombros y dando un paso. 

—He tratado de hablar toda la noche contigo, pero me has evitado —acarició la cortina y luego la miró por encima de su hombro—. Como siempre, has huido de mí. 

Al escuchar aquellas palabras, Olivia sintió rabia, porque era él quien la evitaba a toda costa, como si tuviera coronavirus mezclado con gripe aviar. 

—Está bien, aquí estoy —replicó ella dando un paso más adelante y lanzando su bolso de mano a la cama y encendió la lámpara de su mesita de noche—. Me encontraste, ahora dime que es lo que quieres —cruzó los brazos sobre su pecho en señal de indiferencia.  

—Siempre he sido una escoria para ti, ¿cierto? —Killian manifestó dando un paso hacia ella.

El olor de su perfume se hizo más fuerte y la narcotizó inmediatamente, al punto de hacer que sus piernas se volvieran gelatina, su corazón se acelerara más de lo que estaba. 

—No entiendo… —respondió negando con la cabeza. 

Killian dio un paso más. 

—Antes solíamos llevarnos bien —extendió la mano y acarició una de sus mejillas— ¿Qué nos pasó, Liv?

Para mantener un poco su control, ella dio un paso hacia atrás. 

—Crecimos, y cada quien tomó su camino —contestó relamiéndose los labios—. Pero no entiendo a qué viene esta conversación, y mucho menos después de salirte con la tuya en la última negociación.

—Tú no entiendes nada… —se inclinó un poco hacia ella. 

—¿Estás borracho? —Olivia no pudo evitar preguntar. 

—Quizás, pero eso no adormece mis emociones. Al contrario, las saca a flote…

Olivia sintió que aquello era surrealista. 

—Killian, no sé qué demonios te traes con todo esto —lo miró desafiante—. Pero quiero que me dejes fuera de cualquier plan que estés tramando. 

—Eso… nena… —sonrió sin humor—. Eso es justamente lo que trato de hacer, pero cada vez me lo haces más difícil…

—El alcohol no te cae bien… 

—Entonces le echaré la culpa al alcohol por esto…

Sin decir nada más, se inclinó hacia ella un poco más y encerró el rostro delicado con sus grandes manos y luego cubrió sus labios con los suyos. En el instante en que surgió aquel contacto, una gran electricidad los envolvió. 

Olivia estaba inmóvil, puesto que pensaba que estaba soñando y no quería despertar. El sabor del champagne estaba presente, al mismo tiempo que el calor del gran cuerpo de Killian comenzaba a hacerla sudar y su olor quedaba impregnado en su piel. 

Killian mientras tanto, sabía que estaba cometiendo un error, pero solo quería probarla una vez. 

—Esto no está bien… —expresó rompiendo el beso dejando a Olivia temblando. 

Por la forma en que lo dijo, ella sintió su rechazo, y su cuerpo se tensó de la rabia contenida. 

—Tienes razón, esto no es que esté bien… es que no significa nada. 

Sus palabras fueron un golpe bajo para Killian que la miró sorprendido. 

—¿Nada? —replicó. 

—Así es, este beso no ha significado nada —Olivia usó un tono de voz neutro—. Es producto del alcohol, porque todos tus cinco sentidos están en la inocente y dulce Cassie. 

—¿Acaso estás celosa? —Kilian quiso saber. 

—¿Por qué tendría que estarlo? —enarcó una ceja—. Tú tienes lo que te mereces… una zorra disfrazada de oveja. 

—Es divertido, verte celosa…

Olivia estrechó los ojos.

—Créeme que más divertido fue ver como te ponen los cuernos —replicó y luego se tapó la boca por su imprudencia. 

En ese momento fue como si a Killian le hubieran salido dos cabezas. 

—¿Qué has dicho? —dio un paso amenazante sobre ella. 

—Que ella no es una santita como piensas…

—No te permito que hables así de mi novia…

—Muy bien, esta discusión acaba aquí y ahora… ¡Lárgate de mi habitación!

—¡Estás calumniando a Cassie! Nunca vuelvas a hacerlo.

Olivia caminó hasta la salida y abrió la puerta. 

—No te preocupes que a partir de esta noche dejaré de ser una molestia para ti… Solo espero que no te crezcan mucho los cuernos y tenga que llamarte Rudolf, el reno. Ahora quiero que te marches…

Comenzó a recoger algunas de sus pertenencias y esa misma noche se marchó.

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