No tenía el valor suficiente para apartarse, era presa de la pasión y el deseo que sentía por Killian. Quería probar sus labios una vez más, carnosos, pero viriles. Por eso se puso de puntillas, para besarlo, pero en es instante las puertas del elevador se abrieron y salió como si fuera perseguido por el mismo demonio.
«Al menos no soy la única que está afectada», Olivia se dijo.
Killian caminó por el pasillo del área de finanzas como si fuera el amo y señor de todo, los rostros de los empleado