Olivia recién encendía su ordenador, cuando escuchó el suave toque de la puerta. Estaba con un poco de mal humor, ya que la resaca por el evento de la noche anterior le estaba pasando factura en ese momento. —Estoy muy orgulloso de ti, sabía que cerrarías esa negociación —le dijo su jefe, el señor Miller.Le dio una sonrisa que no era más que una mueca, de hecho no tenía ganas de nada. Pero agradecía el gesto. El hombre era como un puente colgante… pocas personas se atrevían a pasarlo, y ella era una de esas. —Muchas gracias…—Esta noche tendremos una cena para celebrar este acontecimiento…«¡Otra no, por favor!», pensó. En el momento en que Olivia iba a responder, su teléfono celular comenzó a vibrar encima del vidrio templado de su escritorio. Frunció el ceño al darse cuenta de quién la llamaba. No le dio muy buena espina. —¿Liv? —preguntó un tono de voz suave, pero al mismo tiempo angustiada. —¿Sucede algo, Diana? —Es tu padre ha sufrido un infarto, deberías volver a casa. O
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