Esa mañana, Olivia, antes de ir a la empresa, había ensayado un par de veces frente al espejo para tener una idea de cómo iba a actuar en presencia de Killian. Había comido tanto chocolate para lidiar con el estrés que sentía que había aumentado un par de kilos.
No se habían visto en trece días; los había contado y cada vez que pensaba en lo sucedido, sentía un nudo en el estómago. Se detuvo en el semáforo, pero su mente estaba en el pasado. Esa noche Killian se había quedado tanto tiempo en el