※SUBCONSCIENTE TRAICIONADO※ 

Durante todo su viaje a América, estuvo pensando en su relación con Cassie. Se dio cuenta de que no lo llevaba a ninguna parte, lo único que realmente quería era hacerle pagar por querer verle la cara de estúpido. Por supuesto, que el hombre que se decía ser su mejor amigo Robert también estaba incluido, pero ya para eso tendría tiempo. 

En ese momento se encontraba en su ático en el maravilloso Manhattan, tomando un whiskey que era el mejor relax después de un largo viaje. Había llegado de noche y por la hora no iba a hablar con su madre, puesto que quería ver con sus propios ojos si era cierto que Martín estaba en situación crítica como su asistente Christopher le había comentado. 

Dio un largo suspiro, esa era la cuarta vez que estaba en New York ese año. Se había dicho que era porque algunos negocios no los podía manejar desde Dublín, pero la realidad era otra. Solo iba con la esperanza de encontrarse con Olivia. De quien sabía muy poco o las personas a las cuales les había dado el trabajo de encontrar información de ella no lo hicieron de una manera eficaz. 

Olivia, después de su fiesta de cumpleaños número treinta, desapareció de su radar. Lo único que supo de ella es que estuvo un tiempo trabajando en una empresa de bienes raíces y luego se había marchado a Europa. Sin embargo, no sabía cuál país. Aunque Killian pensaba que era Francia, ya que siempre tuvo una debilidad por las calles de París. 

Se masajeó la frente, por el hecho que recordó lo que pasó al día siguiente de aquella fiesta. Chasqueó los dientes de manera incómoda. Olivia se encargó de sembrar la semilla de la duda en él al punto de volverlo sobrio en cuestiones de segundos. 

Había despertado en su cama con Cassie en brazos, y aunque fue una noche especial, no tuvieron s3x0. La razón, el beso que le robó a Olivia, lo había dejado marcado como el hierro caliente. Quería más, pero no de su novia. 

No obstante, algo le llamó la atención. Frunció el ceño, y se impulsó un poco más creyendo que no veía bien. Con mucho cuidado le levantó el cabello a Cassie, apretó los dientes. Tenía varios chupetones y sabía que él no se los había hecho. Puesto que tenían más de una semana que no tenían intimidad y aquellas marcas de amor estaban muy reciente. 

«Solo espero que no te crezcan mucho los cuernos y tenga que llamarte Rudolf…», las palabras de Olivia tuvieron sentido en ese momento. 

Sintió como Cassie comenzaba a desperezarse, la observó batir las pestañas. 

—Buenos días —le dijo con voz pastosa y con una sonrisa. 

Él no pudo corresponder. 

—¿Ocurre algo? —quiso saber Cassie, y trató de ponerse a horcajadas sobre él.  

—No —Killian se levantó de la cama sin importarle que casi hizo que se cayera, para dirigirse a la ducha—. Tengo una reunión importante…

—¡Pero si es domingo! —Cassie se quejó—. Dijiste que iríamos hoy a casa de mis padres…

—Lo siento, hoy no puedo —fue lo único que dijo antes de cerrar la puerta del cuarto de baño.

Ese mismo día, llamó a su asistente y le pidió que la investigaran y fue cuando entonces supo la verdad. Cassie y Robert eran amantes desde hacía mucho tiempo. Tuvo que darle crédito a Olivia, porque se dio cuenta de que no era la chica malcriada, y frívola que aparentaba. Por el hecho de que  tuvo la oportunidad de decirle y, sin embargo, se quedó callada.  

Sacudió la cabeza volviendo al presente.

—¿En dónde caraj0 te escondes, Liv? —se cuestionó pasando la mano por encima de su cabeza. 

Su teléfono celular vibró dentro de sus pantalones, se quedó durante unos segundos inmóvil. Al revisar el nombre de su asistente apareció en pantalla. 

—Disculpe la hora, señor —se excusó Christopher.

—No te preocupes, ¿qué sucede?

—El mes pasado hicimos una visita a Grayson Corporation, pero creo que es necesario que mañana haga otra.

«¿Otra complicación más?», Killian pensó. 

—¿Por qué? 

—Aunque el señor Grayson no está en la dirección de la corporación, su estado de salud es conocido por la junta directiva —su asistente hizo una pausa—. Es lógico que ellos quieran saber que está sucediendo, y por eso han organizado una reunión extraordinaria para mañana. 

Killian dio una respiración profunda, y luego se masajeó el puente de la nariz. Hacía un poco más de un mes que había despedido a la antigua junta directiva, y comprado las acciones de los inversionistas más fuertes. Pero con la única que no había podido hacer nada era con Olivia, puesto que su padre le había dado el treinta y ocho porciento de las acciones. Una muy buena estrategia del viejo zorro para no perder todo el control de sus empresas, aunque tenía que ser sincero, él hubiera hecho lo mismo. El problema era que de ella no se sabía nada desde hacía año y medio. Al parecer era cierto el dicho: solo puedes encontrar a una persona… si ella quiere. 

Dio un trago largo a su bebida. 

«¡Siempre tú, Liv!», exclamó en su mente, al mismo tiempo que puso el vaso de whiskey sobre la mesa, y dio un largo suspiro. 

—Muy bien, entonces estaremos ahí —resolvió Killian—. Prepara toda la documentación, no quería dar la noticia del recorte de presupuesto hasta el mes que viene —chasqueó los dientes—. Pero ya que insistiendo, lo haremos mañana.

—Disculpe, señor —Christopher se aclaró la garganta—. ¿Está seguro de hacerlo mañana? 

—¿Cuál es tu objeción? —fue la respuesta que le dio. 

—El momento… —se hizo silencio—. La junta directiva puede pensar que usted está deseando que el señor Grayson… —de nuevo se aclaró la garganta—, pase a mejor vida…

—¿Acaso no es lo que realmente quiero? —inquirió con los dientes apreatdos.  

—¡¿Qué se muera?! —su asistente exclamó espantado. 

Killian resopló. 

—Eso es un tema que no te incumbe, Christopher —su tono de voz fue severa—. Solo cumple con lo que te he dicho, ten todos los documentos a mano. Mañana sabremos de qué lado está la junta directiva, el que este de acuerdo se quedará y el que no, pues… Puede venderme sus acciones. 

—Muy bien, señor —el hombre dijo con voz de resignación—. Todo lo que está pidiendo la estoy enviando ahora mismo a su correo electrónico.  

Después de eso, la llamada finalizó, y dejó el aparato a un lado. 

Se reclinó la cabeza en el espaldar del sofá y cerró los ojos, aquella guerra contra los Grayson también lo tenía agotado. Necesitaba un descanso inmediato, tal vez un fin de semana en la playa. De repente, una figura curvilínea que ya había acariciado, pero que dejó ir, hizo acto de presencia. Sacudió la cabeza, porque lo único que no quería era pensar en Olivia Grayson. Sin embargo, lo del descanso lo estaba tomando en consideración cuando el sonido de otra notificación en su teléfono celular le hizo volver a la realidad. 

Cassie: ¿Te gusta lo que tengo para ti?

Él bufó, por el hecho de que aquella fotografía de su novia en lencería de color negro no le inspiró ni un mal pensamiento. Lo atribuyó a que tenía muchas cosas en su cabeza, se dijo que era mejor eso que aceptar que era por la hija de su enemigo.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP