Mundo ficciónIniciar sesiónKillian se encontraba en su tercera reunión del día, y todavía no era la hora del almuerzo. Sin embargo, en ese momento estaba un algo incómodo escuchando la propuesta del equipo de marketing de una de sus empresas. Era obvio que eran nuevos, puesto que no tenían idea de como satisfacer sus necesidades.
Los miró de mala gana, como si estuviera aburrido y en el justo en el momento en que iba a decirles algo, su teléfono vibró encima de la mesa de la sala de juntas y al mirar el indicador de llamadas, frunció el ceño, por el hecho de que no era normal que su madre lo llamara. Le hizo un gesto de disculpa a los presentes.
—Hola, mamá. ¿Cómo has estado? —saludó al mismo tiempo que se levantaba de su silla presidencial y se dirigió a ver los rascacielos de la ciudad— ¿A qué se debe tu llamada?
—Si te estoy llamando es porque no estoy bien —la voz de Diana fue dura—. Estás contento con todo lo que está pasando, ¿cierto?
—La verdad es que no sé a qué te refieres —Él respondió frunciendo el ceño.
—Al parecer no te importa llevarte por delante a nadie, solo por cumplir tus objetivos —se hizo una pausa—. Yo no te críe de esa forma, Killian…
—Te repito nuevamente, no sé a qué te refieres —miró por encima del hombro, y los empleados se dieron cuenta de que había terminado la reunión y que cada uno debía dirigirse a sus puestos de trabajo.
—¿Ah no sabes? —bufó ella—. Entonces permíteme refrescarte la memoria… Tienes casi dos años haciendo todo lo posible por destruir a Martín. Según tú para honrar a tu padre…
—Oh, no mamá… Por ahí no vayas —él replicó— ¿Quieres hacerme sentir culpable por hacer justicia?
—¡¿Justicia de qué?! —replicó su madre—. ¿Acaso no has tenido suficiente? No te bastó con quitarle su empresa, para luego desarmarla como si fuera un lego…
—Negocios son negocios, y su empresa estaba en la quiebra, hice un acto de caridad comprándola —habló con arrogancia.
—¿Y en tus negocios también estaba enviar a Martín al hospital? —Diana lo cortó enseguida.
—Mamá, te lo juro que no te sigo —negó con la cabeza como si ella estuviera en frente de él— ¿No sé de qué diablos me estás hablando?
—Martín ha sufrido un infarto, y todo por tu culpa, Killian —respondió con reproche—. Te has convertido en un ser sin escrúpulos.
—¡Oh, no! —exclamó—. No es mi culpa, mamá…
—¿Entonces cómo llamas a esto? —cuestionó Diana.
—Eh… son solo daños colaterales.
—¿Daños colaterales? —se burló mujer—. Eres más cínico de lo que creí, Killian. ¿Cuándo te convertiste en esto? Una persona que…
—¿Cómo puedes decir eso? —Killian preguntó indignado, interrumpiéndola— ¿Cómo puedes preferirlo a él antes que a tu hijo?
—Hay cosas que tú no sabes y que no tienes por qué saberlas, Killian —contestó su madre—. Cruzaste la línea, has acabado con todo lo que Martín luchó durante todos estos años. ¿Es que acaso no te importa nada?
—Solo me importa limpiar el apellido de mi padre y hacerle justicia.
—Hablas de Declan como si hubiera sido el mejor hombre del mundo, y en eso estás muy equivocado.
—Te pido que me ilumines, mamá. Porque no puedo creer que después de todo lo Martín hizo tú sigas a su lado.
De nuevo se hizo silencio.
—Killian… No puedes seguir con este plan de venganza absurdo.
—Era mi padre…
—No puedes hacer justicia a una persona, cuando no sabes su historia. Además que no puedes apostarlo todo por alguien que en realidad nunca conociste. Es mejor que te quedes con los buenos recuerdos, porque al final, como dices… era tu padre.
—Puedo ver de qué lado estás, mamá. Por eso te dejaré claro que esto todavía no he terminado, voy a destruir por completo a Martín Grayson…
—Hijo… estás cometiendo un grave error. ¿Pensaste en Liv?
Aquello fue un golpe bajo, porque la verdad lo que menos quería era meterla en medio de esa guerra.
—Ella está muy lejos…
—Vas a arrepentirte, Killian… Solo espero que no sea demasiado tarde.
La llamada finalizó, él no supo el porqué la noticia de que Martín estaba en el hospital lo había conmocionado un poco. Sacudió la cabeza, ya que no quería sentir lástima por el hombre que lo crio como si fuera su propio hijo. Pero era lógico, puesto que el viejo zorro quiso quedarse con todo lo que era de su padre, incluyendo a su familia.
En ese instante entró su asistente.
—¿Señor? —le llamó—. ¿Continuará con la reunión?
—No —respondió haciendo una mueca con la boca—. Prepara mejor un viaje a América de manera inmediata.
Después de dar sus órdenes, continuó mirando por el ventanal. Recordó la pregunta que le había hecho su madre con respecto a Olivia, él se había esforzado en mantenerla completamente fuera de sus planes de venganza. Afortunadamente, ella se encontraba a kilómetros de distancia.
Se pellizcó el labio inferior, un gesto que hacía cuando estaba analizando situaciones. Pero su momento de introspección fue interrumpido cuando la puerta se abrió de par en par. De manera inmediata se giró, miró a la persona recién llegada y negó con la cabeza.
—¿Y esto? ¿La guinda del pastel? —susurró.
—¡Yo también estoy contenta de verte!
—¿Qué se supone que estás haciendo aquí, Cassie? —Killian se acarició el puente de la nariz al formular la pregunta.
—Bueno… quería verte —se encogió de hombros—. Estar una semana en París…
Killian frunció el ceño.
—¿En serio estabas en París?
—¿Por qué lo dudas? —Cassie puso las manos sobre su afinada cintura.
—Pues, estás tan bronceada que pareces que vinieras de Palawan.
Durante unos segundos la vio palidecer, pero se recompuso de una manera tan inmediata que le hizo dudar de lo que había visto.
—Solo a ti se le ocurren esas cosas —la chica le dio una sonrisa nerviosa, y caminó hasta donde él se encontraba, bordeó con sus delicadas manos la estrecha cintura masculina y luego se puso de puntillas para rozar sus labios — Te he extrañado tanto…
«Pero yo no, y eso cada vez es más extraño», quiso decirle, pero solo sonrió y de manera sutil apartó el rostro.
—¡Vamos, Killian! —Cassie se quejó— ¿Qué es lo que sucede?
—Es incómodo que me lo hayan preguntado varias veces el día de hoy…
La chica negó con la cabeza.
—Tenemos casi dos años de relación, apenas has nombrado la palabra matrimonio —hizo una pausa y tomó una respiración profunda—. ¿Ya no quieres casarte conmigo? ¿Hay otra mujer en tu vida?
—No —respondió secamente—. Los planes siguen siendo los mismos, solo que todavía tengo mucho por hacer…
—Es la misma excusa que me has dado desde hace unos meses cuando mi padre te preguntó para cuando pondrías fecha a nuestra boda.
—Cassie… —pronunció su nombre estrechando los ojos—. No me presiones, ahora mismo no estoy interesado en el matrimonio. ¡Tómalo o déjalo!
El rostro de su novia se transfiguró en una máscara de emociones, entre ellas la decepción y la rabia.
—¿Me estás diciendo que quieres terminar conmigo? —preguntó con la voz entre cortada.
—No, solo te estoy pidiendo tiempo para finiquitar mi proyecto —Killian se encogió de hombros—. Falta muy poco, si puedes esperarme está bien… si no… —fue su turno de dar una larga respiración—. Lo entenderé…
Cassie acortó la distancia entre ambos y lo abrazó fuertemente, para hundir su rostro en su amplio pecho.
—Entonces… puedo esperarte.
«Por supuesto que lo harás, alguien tiene que seguir costeando tu estilo de vida», él pensó.
Desde hacía mucho tiempo había descubierto el plan de Cassie, pero debía terminar con Martín Grayson para ir por ella. Nadie le vería la cara de tonto… bueno, solo una persona… y ella no quería volver a verlo.







