—Oh, Dios… no puedo… no puedo… —en su desesperación ella movía la cabeza de un lado a otro.
—¿Correrte? —él terminó por ella y, con voz firme, ordenó— ¡Hazlo!
Olivia sintió que, por segunda vez en su vida, su mundo se fracturó en puntos multicolores, mientras Killian quedaba sin palabras ante la forma en que sus músculos vaginales apresaron sus dedos. Sin embargo, con mucha delicadeza logró sacarlos completamente empapados, al punto de lubricar su mastil de carne.
—¡Oh sí, Liv! No veo el mome