KAELAN
El silencio de la habitación era tan pesado que casi podía romperme los huesos. Me mantenía recostado a su lado, sin cerrar los ojos ni un segundo. Tenía miedo… miedo de que si los cerraba, al abrirlos ella ya no estuviera.
Mi brazo rodeaba a Laurenth, su cuerpo aún débil, pero tibio contra el mío. La besaba suavemente en la sien, en la frente, en los labios, como si pudiera devolverle la vida a fuerza de caricias, Había despertado, pero luego había vuelto a dormir, la anciana dijo que e