LAURENTH
El sonido de pasos apresurados interrumpió la calma de la habitación. La puerta se abrió y unos ojos grandes, brillantes de lágrimas, me buscaron enseguida.
—¡Mamiiiiii! —la voz de Lyra se quebró en un sollozo mientras corría hacia la cama.
Mis brazos se abrieron solos, sin pensarlo. La pequeña trepó al colchón y se lanzó contra mí, abrazándome con tanta fuerza que sentí su miedo, su desesperación, todo lo que había guardado estos días.
—Al fin estás aquí… —lloraba contra mi cuello—.