ALFA RHYDAN
Dos días.
Dos eternos días habían pasado y Laurenth no despertaba. No moría… pero tampoco volvía a la vida. Permanecía allí, inmóvil en la habitación del Rey, rodeada de sábanas blancas, tan pálida que parecía un suspiro a punto de apagarse.
Yo no me moví de la manada del rey. No podía. No después de verla salvar a Lyra con su propia vida. No después de entender, por fin, el alcance de lo que había perdido, la amaba más que nunca.
El Rey no dormía. Kaelan era una sombra de sí mismo: