El hospital privado donde Valeria y Clara se alojaban ya no le parecía tan frío. O quizás era Clara, con su risa desordenada y su manera de llenar el espacio, quien había suavizado hasta los muros de aquel lugar aséptico.
Valeria llevaba una taza de té a medio tomar y el corazón enredado en mil emociones. La prueba aún descansaba en el fondo del cajón, junto a la carta de Celeste, como si al esconderlas pudiera contener las consecuencias. Pero no era una cobarde.
Solo… no era el momento.
—Clara