El baño de la suite hospitalaria parecía más una sala de interrogatorio. Valeria estaba de pie frente al lavamanos, el pequeño test de embarazo aún sobre la cerámica blanca. Las dos líneas rosas eran tan claras como la sensación que le apretaba el pecho.
Estaba embarazada.
Su reflejo en el espejo no mostraba euforia ni lágrimas. Solo un silencio inmenso. Apoyó las manos sobre el borde y respiró hondo.
—No ahora… —murmuró para sí—. No con todo esto encima.
Tenía una niña genéticamente modificada